Reconciliación

Ante las múltiples rupturas que afectan al mundo y que son contrarias al Plan de Dios quiere hacer un esfuerzo permanente por vivir y difundir el don de la reconciliación traída por el Señor Jesús. El MVC está convencido de que «la reconciliación no sólo es una aspiración, sino una aguda necesidad que se vive con dramáticas características en el mundo actual». Los signos de los tiempos indican claramente que estamos en la hora de la reconciliación. El MVC considera, por ello, que la reconciliación es un tema central de la Iglesia. Y cree además que, como ha enseñado el Papa Juan Pablo II, «es legítimo hacer converger las reflexiones acerca de todo el misterio de Cristo en torno a su misión de reconciliador».

Esta reconciliación lleva a sanar la ruptura fundamental que es la ruptura con Dios. Como enseña el Catecismo de la Iglesia, el pecado es «ruptura de la comunión con Él» y como tal pérdida de la armonía original. Esta ruptura genera a su vez otras rupturas en la vida del ser humano: consigo mismo, con los demás y con la creación. El documento de Santo Domingo lo expresa claramente: «Recocemos la dramática situación en la que el pecado coloca al hombre. Porque el hombre creado bueno, a imagen del mismo Dios, señor responsable de la creación, al pecar ha quedado enemistado con Él, dividido de sí mismo, ha roto la solidaridad con el prójimo y destruido la armonía de la naturaleza». Por eso el Papa Juan Pablo II habla de una cuádruple ruptura que exige a su vez una cuádruple reconciliación que, partiendo de la relación con Dios, se proyecte a todas las demás dimensiones.

La reconciliación es una clave hermenéutica para aproximarse al misterio de la redención y esclarecer el sentido de la existencia del ser humano. Es por ello una clave para entender nuestra realidad y nuestro tiempo. Dentro de este panorama se presenta también como un ángulo de visión privilegiado para captar más hondamente el sentido último del misterio cristiano y el camino de realización integral de la persona humana, anhelo sentido con acentos fuertes entre los hombres y pueblos de nuestro tiempo.

Los emevecistas aspiran a vivir la reconciliación con Dios como dinamismo que da sentido e impulsa sus vidas, abriéndose a la reconciliación consigo mismos y a cooperar con todos los hermanos para vivir ese don de Dios como sociedad justa y reconciliada, y también buscando, según el designio divino, la reconciliación con la creación, dando recto uso a todos los bienes que el Señor ha puesto para beneficio del ser humano.